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A 2 patas

1375292_161542900719376_2036317369_nNací un 8 de octubre y soy la tercera de 8 hermanos, aunque hoy somos 7. Vine a la vida en una casa muy grande y antigua de Gernika, un pueblo del interior del País Vasco. Mi casa era de piedra y tenía un jardín enorme. Tal vez, si hoy volviese a verla, pensaría que es estrecha o que en el jardín no puedo correr lo suficiente, pero cuando era pequeña mi casa era como un gran castillo con un reino gigante que nuca terminabas de conocer. Me crié con mi madre y mis hermanos así que tuve la gran suerte de crecer rodeada de amor, cariño, juegos, y como no, alguna que otra bronca y pelea. Vi el mundo por primera vez al aire libre, sin más limitaciones que las que, de vez en cuando, me ponía mi madre. Digo de vez en cuando porque mi madre no era como las demás…ella nos cuidaba y también nos protegía pero sólo cuando corríamos auténtico peligro, sino nos dejaba descubrir solos los obstáculos que tiene la vida.

No recuerdo muy bien en qué momento empezó todo pero un día, sin saber cómo, mi hermano mayor ya no estaba con nosotros. Pocos días más tarde, desapareció mi hermana, la más bonita. Ella no tenía el pelo negro como yo, el suyo era de color cobrizo, brillante y suave, tan delicado que te entraban ganas de tocarlo cada vez que lo mirabas. Después se fueron dos de mis hermanos de golpe, el mismo día. Yo estaba segura de que algo pasaba, era extraño que nadie hiciese nada y que todos actuasen con total normalidad, y aunque todavía no sabía decir nada y no podía preguntar qué ocurría me daba cuenta de todo.

Y llegó el día en el que me vi sola con mi madre. Fueron 4 días maravillosos, juntas, haciendo lo que nunca habíamos hecho, dormíamos en la misma cama, me llevaba con ella y sus amigos y pasábamos largas horas fuera de casa. No existía nada más, sólo nosotras.

Pero de repente apareció ella. Cuando la vi recordé que nada más nacer estuvo en mi casa, recordé cómo me besó, cómo me miraba y cómo me abrazó, pero no se por qué no me volví a acordar de ella hasta ese momento en el que la vi otra vez. Era una fría mañana de invierno, salimos de casa como cada día pero nada más salir me hicieron pararme en la acera. Todos parecían contentos así que no me preocupé. Llegó un coche y se bajaron 3 personas. Nos fuimos todos juntos a casa y compartimos un buen rato de charla y juegos. Yo tenía frío, había llovido esa noche y por jugar en el jardín me mojé con la hierba húmeda. Ella me cogió entre sus brazos para darme calor, me acarició y me susurró cosas lindas al oído. Yo notaba que sus manos estaban temblorosas, pero no sentía miedo. Y así, entre sus brazos, me llevó con ella. En el camino a su casa me decía que no me preocupase, que pasase lo que pasase ella siempre estaría conmigo…su voz sonaba débil…a mí me hubiese gustado decirle que no estaba preocupada, que me sentía tranquila y que sabía que iba a cuidar de mi, tenía esa sensación extraña que te invade el cuerpo cuando sabes que todo va a salir bien…pero como ya os he dicho no sabía hablar así que no pude decírselo.

Esto ocurrió un 16 de diciembre, esta es ella y esta soy yo.

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Sí, ya lo sabéis, soy una perra y ella es mi dueña, quien un día decidió incluirme en su vida y compartir su camino a mi lado. Y esta es la vida de mi dueña contada por mí. Esto no es un blog para entender cómo piensan los perros, yo ya lo sé. Esto es un blog para que los perros podamos entender cómo piensan las personas.

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